Imaginemos
por un momento que podemos viajar en el tiempo. Situarnos dentro
de una caverna 20.000 años antes de nuestra era. Allí
transcurre la vida de nuestros antepasados, hordas de alrededor
de 20 a 30 personas de ambos sexos. Cazan animales, pero sobre
todo recogen semillas y frutos. Cuando cazan animales éstos
sangran hasta morir. Para dominarlos han debido ir perfeccionando
instrumentos simulados a partir de la observación de la
manera como entre sí, se atacan diferentes especies. Caza
colectiva, animal que sangra y muere para que los humanos puedan
alimentarse y sobrevivir.
Por qué razón las hembras
humanas sangran sin que en ello se les vaya la vida? De hecho
cuando dejan de sangrar, se hinchan como la luna llena y transcurridos
nueve plenilunios nace otro de sus congéneres... Esas
mismas hembras han ido desarrollando gran habilidad en su bipedalismo
desde siglos anteriores, ya que deben dejar por más tiempo
sus extremidades superiores libres, para poder sujetar a su
criatura, al tiempo que huyen o recolectan semillas.
Por lo demás, éstas hembras
han sido perfeccionando destrezas en el arte de machacar alimentos,
que puedan ser tomados por los pequeños sin que se ahoguen.
Sin duda algunos hombres y mujeres de
la época ya para entonces han fabricado sus primeros
artefactos, que de ninguna manera fueron armas sino rudimentarios,
pero efectivos envases para acarrear alimentos... e infantes.
Habilidades que para entonces constituían
la diferencia esencial entre sobrevivir o no. Entre estar mejor
alimentado o no, pero al mismo tiempo, entre ser más
flexible a los bruscos cambios ambientales.
La supervivencia es un asunto colectivo.
Aunque se hagan diferentes cosas en determinadas épocas
del ciclo biológico, los seres primitivos integran el
saber a la expresión artística, a la espiritualidad,
a la técnica, a la vida en común, a la naturaleza.
El saber y el actuar no son compartimentos estancos. El mundo
está encantado. Si hubo una idea de la salud, debió
ser connaturalmente la integración de todo lo anterior.
Los procesos de selección natural
operan en virtud de adaptaciones, que oscilan ordinariamente
entre la necesidad y el azar, juego en el que va construyéndose
la inteligencia.
Devenir, en el que el rol de las mujeres
fue particularmente crucial.
Reconocidos antropólogos como
Tanner y Montagu, afirman que son "los retoños de
madres lo bastante inteligentes como para encontrar, recolectar,
premasticar y compartir con ellos suficientes alimentos, quienes
tuvieron la ventaja selectiva.
Entre los sobrevivientes, son los niños
y niñas más capacitados para aprender y mejorar
las técnicas de sus madres, y los que al igual que ellas,
están dispuestos a compartir, quienes a su turno tendrán
la mayor probabilidad de vivir lo suficiente como para reproducirse".
También podemos notar que como
todos los mamíferos, las hembras pasan largos momentos
acunando la cría mientras ésta se alimenta. Vemos
a una de estas abuelas lejanas, alelada observando cómo
su bebé lacta, cómo se estremece su cuerpo de
frío y ahora somos nosotros, voyeristas de ultratiempo,
quienes la observamos reaccionar aprisionándole, y tal
vez pensando de qué manera y con qué cubrirle...
Esta abuela empieza a urdir con el paso de los días un
lenguaje... Cómo saber exactamente qué le pasa,
qué necesita esta criatura...? Un gesto suyo puede ser
repetido por el bebé, algo así como sacar la lengua;
de la misma manera, un sonido gutural repetido puede empezar
a hacerle diferenciar a la cría una conducta predeterminada...
El lenguajear, según Maturana, se consolida en la relación
madre - criatura, a partir de una red sutil de emociones entretejidas.
Por lo demás, luego de dos o tres
partos, la abuela ya ha aprendido lo esencial sobre el arte
de parir, así que puede prestar ayuda a otras hembras.
Con el paso del tiempo, acumulará más conocimientos
sobre su ser. Por otro lado, los movimientos de los astros parecieran
coincidir a veces con sus ciclos vitales... algunas sangran
cuando cada vez que la luna empieza a adelgazar, otras cuando
la luna se ha ido, otra cuando la luna vuelve...
Según André Leroi-Gourhan
director del Centro de Estudios Prehistóricos y Protohistóricos
de la Sorbona, nuestros parientes de Paleolítico "sabían
que el mundo animal y humano se componía de mitades contrapuestas
(masculina y femenina), y concebían que la unión
de ambas regía la economía de los seres vivos".
La importancia de los sexos se encontraba
ligada a una suerte de religión primitiva, que excavaciones
posteriores, ratificaron asociada al culto a la hembra, a lo
femenino.
A ese cuerpo de donde extrañamente
emerge la nueva vida, esa entidad diferente que cíclicamente
sangra y no muere; que como si fuera la luna, es capaz de redondearse
en su preñez.
Las evidencias arqueológicas y
sus nuevas interpretaciones, están allí para mostrarnos,
de qué manera las conchas vulviformes, las figuras híbridas
de mujer y animal, las llamadas Venus Paleolíticas y
cientos de pinturas, ratifican que las primeras deidades, sin
lugar a duda, fueron femeninas.
La religión según sabemos,
ha sido la primera forma de comprensión del mundo, la
cual funciona al tiempo como ciencia y como filosofía.
Es desde el asombro y la espiritualidad como los seres humanos
se autorrespetan, se identifican como "nosotros".
Sin excepción estas primas religiones coinciden en explicarse
el mundo como creado o devenido por un ser externo: El sol,
la luna, el trueno, el fuego, un ser de las estrellas, etc.
Cuando éstas deidades, en los orígenes, coinciden
con el culto a la vida y todo lo que la preserve, la cuide;
para el caso, lo que se asocia a la hembra; sus principios de
cohesión, solidaridad y orden, estarán en consecuencia
ligados por necesidad, al servicio del cuidado de la vida, al
compartir, antes que al dominar.
No me detendré en la larga evolución
de las religiones, ya que mi interés, por lo pronto,
se centra fundamentalmente en mantener la atención alrededor
de la tremenda apropiación del propio cuerpo que debieron
experimentar por siglos las abuelas y abuelos. Particularmente
las abuelas cuyos cuerpos más que el de sus compañeros,
se asoció al cielo infinito, a los astros; pero también
a la tierra de donde brotaban las semillas. Lentamente estas
mujeres respetadas en su conocimiento, con quienes los abuelos
compartían equitativamente la cotidianidad en la diferencia,
fueron desarrollando una notable autoimagen y conocimiento,
no solo de su fisiología, sino de diferentes maneras
asociadas al mantenimiento de la vida, y por lo tanto a la salud
propia, de sus crías y de otros miembros de la tribu.
La Doctora Rianne Eisler, en su famoso
libro "El Cáliz y la Espada", hace una brillante
radiografía de las sociedades gilanicas, es decir sociedades
donde las diferencias entre hombres y mujeres, fueron aprovechadas
para exaltar la belleza, la ciencia, la religión, las
artes, y por supuesto la política. Dichas sociedades
según los más recientes y extraordinarios hallazgos
arqueológicos, existieron alrededor de la cuenca del
Mediterráneo, el Egeo, y algunos de los más antiguos
pueblos americanos y australianos. A lo mejor las hubo en otros
lugares, ya que también hoy sabemos que no se puede hablar
de una sola cuna de la civilización.
Una de sus principales características
radicó en que todos sus esfuerzos colectivos, giraron
alrededor de hacer más placentera la convivencia humana.
Las huellas artísticas que han quedado plasmadas en la
cerámica minoica, muestran una singular actitud desenfadada
de los cuerpos de hombres y mujeres. Torsos altivos, miradas
firmes, expresiones relajadas. Nada que ver con los retratos
rígidos o enjutos del medioevo.
Hoy sabemos qué pueblos nórdicos
empujados por las interglaciaciones, hambrientos y desplazados,
transupusieron por la violencia, sobre estas sociedades, sus
dioses masculinos que exaltaban la fuerza, y con ella a los
símbolos que podían causar la muerte, como el
rayo, el tridente, la macana. Que su imposición de siglos
partió con la posesión de quienes justamente,
significaban el misterio de la vida, es decir las mujeres, así
como de la potestad sobre su descendencia.
Dicha subordinación, como suele
suceder, no pudo de todos modos desaparecer la figura de las
diosas, que terminaron convirtiéndose en las religiones
actuales, en las vírgenes, veneradas sí, pero
solo a partir de su condición de madres terrenales de
los verdaderos dioses; esto en el mejor de los casos.
Por siglos - casi hasta alrededor de
unos 700 años antes de nuestra era - la humanidad vivió
su cuerpo, su sexualidad, y por lo tanto su salud de una manera
natural. Entiéndase por ello, un largo aprendizaje de
observación en el autocuidado. Posteriormente, de manera
lenta y con intervalos se fueron construyendo y afirmando los
perfiles patriarcales de la sociedad. Perfiles que significaron
la subordinación de las mujeres, quienes amenazaban el
nuevo poder.
Cuando la historia empezó a escribirse
para lo que conocemos como civilización occidental, se
borraron de las bibliotecas los nombres de aquellas mujeres
cuya vida y obra contradecía el nuevo orden. Como por
ejemplo Temistoclea quien enseñara a Pitágoras;
Diótima, maestra de Sócrates; del movimiento de
mujeres Atenienses y Griegas contra la guerra; se ignoró
a Aspasia, compañera de Pericles quien fue académica
y estadista, autora de la brillante instrucción cívica;
no nos hablan de Areta de Cirence quien presidió la escuela
de ciencias naturales más importantes de su época,
en la cual se proclamaba "por un mundo sin amos ni esclavos".
Tampoco nos hablan de Tabita, discípula de Jesús.
El conocimiento se fue arrancando a las
mujeres lentamente, en la oficialidad cuando menos. A Sócrates
se lo condenó a muerte por "corromper" a los
jóvenes con ideas contra el poder de la razón,
y por proponer entre otras educación igualitaria para
hombre y mujeres.
A las mujeres, nuestras abuelas, se las
fue reduciendo a los "gineceos", el harén,
las cocinas y siglos más tarde a los conventos. Pero
lo crucial, lo verdaderamente clave de esta subordinación,
no se completaría, sino hasta el momento en que se condenó
el cuerpo de la mujer.
Entre la esclavitud y la edad media,
el cuerpo de las mujeres se fue tornando en objeto, se cosificó.
Las mujeres fueron convertidas en objetos, decorativos en algunos
casos, pero objetos al fin. La concepción de "varones
imperfectos" o de "úteros andantes" cobró
fuerza. Ya no eran ciudadanas, no podían ser propietarias,
menos debían estudiar. Se cuestionó si tenían
alma inmortal o no. Se afirmó que lo máximo que
les podría pasar era el ser equiparadas a la naturaleza;
y como ella, al decir de Descartes, debía ser conquistada,
usada por la fuerza de ser preciso en beneficio de la civilización.
Qué de cosas debió pasarle
a la autoimagen corporal de las mujeres, mitad de la humanidad,
y por lo tanto a la salud física y mental de la humanidad
entera!, En la Europa de la época incluso, se confinó
el cuerpo, en especial el de las mujeres a kilos de ropas constreñidas,
sin contar con la prohibición general del baño.
Si mi cuerpo es considerado objeto de
pecado, si debo ocultar un ancestral conocimiento del mismo
que solo le es permitido a los hombres, dos cosas con seguridad
tienen que estar pasando: Una de ellas que las mujeres desarrollen
formas de resistencia, tales como la que por centuria, obligaron
a una vasta población como la china, a inventar un idioma
secreto celosamente pasado de madres a hijas; o que resignadas
se confinen a aceptar que son casi nada.
Se habla de cerca de seis millones de
mujeres sacrificadas, en un espacio de tres siglos, acusadas
de ser brujas. Léase yerbateras, curanderas, alquimistas
o parteras, a quienes antes de asesinar se las tortura con crueldad,
casi siempre pasando algún tipo de instrumento por sus
vaginas o senos, a fin de arrancar los depósitos demoníacos.
Debió ser ejemplificante para las no brujas de entonces,
quienes aceptaron ante semejante despliegue de crueldad patriarcal
de la Iglesia y el Estado, que lo mejor era no saber, o fingir
no saber. Por suerte, si así puede llamársele,
muchas mujeres adoptaron voluntariamente la vida monástica
ante la posibilidad de aprender a leer y escribir, aunque ello
implicare también flagelarse el cuerpo en el caso de
que las hormonas campaneasen. También se encerraban voluntariamente
para evitar matrimonios obligados, o en castigo por no aceptarlos.
Volviendo a la concepción integral
de la salud de los mundos encantados, los siglos de subordinación
de las mujeres han implicado negación de su cuerpo, negación
de su sexualidad, negación de su condición de
sujetos y exaltación como objetos, inequidad social,
económica, política. Todo esto bajo el ejercicio
de todas las formas de poder: La familia, la iglesia, la ciencia...
La violencia física ha sido reforzada por la violencia
del ocultamiento. No ser nombradas. No ser objetos de derecho
alguno. Por supuesto, no deseo dejar la sensación de
la mujer siempre víctima, porque la verdad es que las
mujeres han estado, al igual que los pueblos de raza negra o
indígenas, construyendo sus resistencias, sus otros micropoderes;
y participando de la empresa humana en una proporción
desvalorizada por las ideologías conservadoras, pero
no por ello menos importante.
Al fin de cuentas, la historia no ha
sido escrita por los negros, ni los indígenas, ni las
mujeres. Tampoco los libros de anatomía, que afirman
que el cuello del útero es prácticamente insensible
porque posee baja inervación... como si sentir fuese
cosa solo de arquitectura anatómica! Con éste
argumento muchos médicos introducen espéculos
como si fuesen palas.
La
inequidad de genero: detrimento de la salud pública y
del desarrollo
La salud ha sido por siempre indicador
fuerte del nivel de desarrollo de los pueblos. La cultura patriarcal
en algún momento de la historia instituyó que
las mujeres debían recibir la pero ración alimenticia
en cantidad y calidad. Es así como encontramos que las
mujeres europeas, durante la crisis económica y agrícola
de los siglos XVII al XVIII, no solo se hicieron más
pequeñas, sino que sus ciclos de ovulación tendieron
a aparecer hacia los 16 años de edad, contra el promedio
de 13, solo tres siglos antes.
Pasar, así fuera en el curso de
casi tres milenios, de la autonomía y creatividad social,
de la veneración en equidad, al ámbito de lo privado,
a lo innombrado, a lo minusválido; acarreó consecuencias
desventajosas para los hombres, pero sobre todo a las mujeres,
perdiendo desde luego la humanidad entera.
Por un lado, concentrar a las mujeres
en lo doméstico las privó de la creatividad social,
política, de la recreación, y las convirtió
en consumidoras por excelencia. Por otro lado, liberó
mano de obra masculina para que pudiese dedicarse a conducir,
participar, producir, proveer; si bien lo privó de las
asombrosas construcciones de lo elemental humano en el sentir,
el cuidar, el dar.
Ella se educó para servir a otros
posponiendo siempre lo propio para una última opción.
Su sexualidad fue normatizada por el máximo patriarca
que es el Estado - Iglesia, y su control inmediato, garantizado
por los ciudadanos más cercanos: Padres, hermanos, esposo,
sacerdote... Ella era el sentimiento caprichoso, la histeria,
y como si fuese posible reducir la condición humana a
un apéndice, es la supuesta envidia del pene... Ella
era la debilidad, la que debía ser conducida.
El se educó para ser servido,
cuidado, atendido en lo elemental a fin de poderse dedicar a
lo que si era importante: Dominar la materia, la naturaleza,
acumular, hacer ciencia... El era la razón pura, la sensatez,
la objetividad. Quién más podía conducir
el progreso?
Aunque hemos insistido en varias oportunidades
en el lado oscuro de la influencia del pensamiento positivista,
pocas veces se ha examinado desde el ángulo de la salud
pública mundial. En el impacto que tuvo la dicotomización
entre el cuerpo y el alma, máxime, cuando uno de estos
cuerpos es por lo demás, convertido en simple objeto.
Nuestra salud física se vio afectada, pero ni que decir
de la salud mental.
Jugar el rígido juego de los roles
sexuales nos ha privado a unos de la ternura, ya otras de la
participación. Nos ha excluido a unas de los saberes
públicos y a otros de los privados. Por esa vía
nos hemos convertido, sin duda, en tiranas de lo privado y tiranos
de lo público. Desviaciones que sumadas al desencantamiento
de la vida, a la separación tajante entre el arte y la
ciencia; a la exclusión mutua entre espiritualidad y
desarrollo, entre humanismo y técnica; nos tienen hoy
por hoy enfermos de desamor, pálidos de solidaridad,
desnutridos de tolerancia, putrefactos de modelos de desarrollo.
Todos y todas hemos perdido.
Pero no hemos enfermado solos. Hemos
enfermado a la Gaia, como correspondía a algo que Areta
de Cirence dijo hace casi tres milenios: Que somos una / uno
con la madre tierra. Lo antinatural, ir contra la madre, se
volvió natural y deseable. El androcentrismo ha sido
realmente un "patriarco-centrismo". Hemos venido reproduciendo
no solo los contenidos simbólicos, sino por supuesto,
las relaciones de dominación en y hacia los cuerpos de
las mujeres, los diferentes, la naturaleza...
Todos los agentes socializadores: La
familia, la escuela, la universidad y los medios de comunicación;
juran sobre lo sagrado por la igualdad pero reproducen la asimetría.
No hay inocencia en el mensaje impreso
sobre las camisetas de una conocida marca de cerveza colombiana,
que destaca la superioridad de la agria sobre las mujeres. "No
se pone celosa si usted se toma otra", "si va usted
a un bar, siempre puede levantarse una", "si se 'tira'
una no le quitan la cabeza", "siempre cae fácil",
"usted está seguro que es el primero en destaparla",
Gracioso...? Tal vez. Pero no inocente. En la interioridad de
ciertas mentes, mismos argumentos justifican la violencia intrafamiliar:
Como a los animales, a las mujeres se les pega para domarlas,
lo hemos escuchado en nuestro consultorio.
Mismos argumentos justifican la violación
recurrente, por siglos, de las tropas vencedoras a las mujeres
de los vencidos; a las niñas, adolescentes y adultas
estupradas en primera instancia por sus propios padres biológicos,
como lo indican las estadísticas en todo el mundo.
Argumentos semejantes, justifican que
las mujeres de todas las edades, continúen alimentándose
peor que sus parientes masculinos.
Que llevemos dos milenios naciendo con
un pecado original, que según diría Teresa Valdés,
es nacer ya con dos derechos humanos fundamentales violados:
El de la igualdad y el de la oportunidad.
Pese ha haberse ejercido el control más
extraordinario y sin antecedentes sobre el cuerpo femenino,
o quizá por el mismo, en términos semióticos,
la mujer es ante todo y fundamentalmente, un cuerpo. Erotizado
de placer, gestación y afectos; da amor, apoyo emocional,
pasión... Afectos que en tal caso se pueden normar y
manipular, hay que "cumplir las obligaciones conyugales".
Ni los textos legales ni médicos se refieren a los afectos,
sin embargo, allí se esconde de un lado el mal llamado
poder de las mujeres; y de otro lado justificación de
las otras violencias, las de la invisibilidad social, la de
los estereotipos.
Al mismo tiempo, los afectos, nuestra
capacidad de entrega y compromiso emocional nos hacen vulnerables
al dolor, a la manipulación, a la violencia (por proteger
a los hijos somos capaces de aceptar todo, o casi todo..)".
Allí sin duda radica nuestra debilidad pero también
nuestra fortaleza. Millones de veces diariamente, las mujeres
resisten silenciosamente a la pobreza, las dictaduras, a la
guerra, el arrasamiento ambiental y cultural. También
sin disparar un solo tiro, vienen protagonizando una revolución
para recomponerse como sujetos de derechos.
Las
mujeres, la salud y el desarrollo en cifras
Deseo referenciar a continuación
algunos datos solamente a manera de ayuda, con el propósito
de ubicarnos en el presente, y adentrarnos en la relación
mujeres, salud y desarrollo.
·
En la población de 0 a 5 años, globalmente han
disminuido las tasas de mortalidad, sin embargo, en América
Latina y el Caribe, las niñas mueren más que los
niños en 11 de los 19 países del área,
siendo las causas la desnutrición, falta de inmunización
y de atención oportuna. En realidad, detrás de
esto están los aplazamientos culturales de las necesidades
de las niñas.
·
En la adolescencia, los varones superan las tasas de mortalidad
frente a las jovencitas en relación a causas violentas.
Sin embargo, en Colombia y Brasil, las mujeres se suicidan mucho
más que los jóvenes, y en toda la región
los intentos de suicidio superan ampliamente al de los varones.
·
Las causas del suicidio se relacionan con maltrato, violaciones
repetidas, embarazos indeseados y deprivación afectiva.
·
Estas jóvenes llegan malnutridas desde la infancia, y
con el inicio de la menstruación, sus requerimientos
de hierro aumentan, y se acentúan con los embarazos y
lactancia.
·
En la población de 15 a 45 años, la diferencia
en la morbi-mortalidad se relaciona con los procesos de reproducción.
Los embarazos en edades extremas, el poco espaciamiento entre
los mismos, la malnutrición proteica, ferropénica
y en oligoelementos, crean condiciones de mayor vulnerabilidad.
·
La primera causa en la región de mortalidad materna es
el aborto seguido de la toxemia, hemorragias y complicaciones
del puerperio. De la misma manera, la mortalidad por cáncer
del cuello uterino se asocia a las reinfecciones virales y otras
venéreas, frecuentemente desapercibidas como tales. Sin
contar las pérdidas energéticas derivadas de la
sobrecarga de hormonas sintéticas, manipulaciones provocadas,
abortos, prácticas empíricas de control, etc.
·
En el caso colombiano, los índices de violencia intrafamiliar
constituyen la primera causa de morbimortalidad.
·
En la edad mediana y vejez, las mujeres sufren osteoporosis,
problemas cardiovasculares y genito-urinarios. No obstante la
investigación, prevención, diagnóstico
y tratamiento en estas dos últimas patologías,
se orienta fundamentalmente a la población masculina.
·
Las enfermedades cerebrovasculares afectan más a las
mujeres en relación a hipertensión, obesidad,
factores hormonales y uso de anticonceptivos orales durante
la edad reproductiva.
·
Aquí se encuentran las mujeres más vulnerables
física y económicamente de la sociedad.
·
Las mujeres producen en el tercer mundo más de la mitad
de los alimentos que consumimos.
·
El conjunto de las acciones de atención primaria de la
salud son efectivamente realizadas por las mujeres, en su mayoría
madres, y ésto se ha calculado que puede significar hasta
cuatro veces el valor mundial de lo invertido para el mismo
efecto, desde los servicios formales de salud.
·
Las mujeres del mundo entero en promedio, trabajan alrededor
de 16 horas diarias, repartidas en dobles o triples jornadas.
El 90% de las mujeres trabaja en por lo menos una de estas jornada
de los 365 días del año. La responsabilidad en
la calle y entre casa es para ellas inaplazable, intransferible
y múltiple; es decir, deben atender una gama de problemas
muy variado a los que en general no pueden renunciar. Esto acarrea
sobre cansancio, estrés, y una serie de sintomatología
inespecífica que es roturada como diversas formas de
histeria.
·
Las posibilidades de recreación de la mayor parte de
las mujeres del tercer mundo que ya han constituido una familia,
se circunscriben fundamentalmente a pasar unas horas frente
a un aparato de televisión, es decir, de nuevo se encierran
en casa.
·
La mayor parte de los pobres del mundo son mujeres, quienes
por lo demás constituyen el 50% de la población
migrante y el 70% de los desplazados en el mundo por diferentes
formas de violencia.
·
Según las NU, 1 de cada cinco hogares en el mundo tienen
a una mujer como única responsable, lo que muestra por
los demás una disminución progresiva del tiempo
libre. En Colombia, el promedio es de tres por cada 10 hogares.
·
El cuerpo femenino es el escenario privilegiado de experimentación
médica, en lo que a aspectos de población se refieren.
En lo que va corrido del siglo, es imponderable la yatrogenia
causada sobre las mujeres sin que nadie responda penal ni socialmente
por ello.
·
Está aun por investigar el peso cultural de la violencia
médica contra el cuerpo de las mujeres. Expresiones lanzadas
a una embarazada para ungirla en un examen físico de
rutina a que se desnude: "Afánese, o quiere que
le baje los pantalones con mi dedo gordo del pie". A una
parturienta: "Apuesto que así no gritaba cuando
lo estaba haciendo"... el voyerismo, los exámenes
y cirugías innecesarios, la indelicadeza justificada
en el supuesto antiseptismo médico; la negación
del cupo a médicas aspirantes a cirugía, y por
sobre todo, la incomunicación, la incomprensión
de la historia de los roles, la carencia de una orientación
con perspectivas de género, para entender, que la salud,
esa que se supone es nuestra razón de ser médicos
o médicas, también es la resultante de una construcción
histórica y cultural antes que biológica, la cual
no ha estado exenta de patriarcalismo.
La
equidad de genero, una propuesta paradigmática para la
salud y el desarrollo
El enfoque de género constituye
un categoría política de análisis, propuesta
desde diferentes tendencias dentro del movimiento social de
mujeres; y que no significa nada distinto que tomar en cuenta,
como se han construido socialmente los roles sexuales, y de
qué manera han impactado el desarrollo humano en forma
tan negativa, al cimentarse en una relación asimétrica
y subordinada para las mujeres.
Proponemos desarrollar una perspectiva
de género en la salud y la práctica médica,
como opción, sin la cual no será posible un verdadero
enfoque holístico.
La humanidad, hombres y mujeres independientemente
de su opción sexual, constituyen la relación humana
más fundamental y básica. Si aceptamos que somos
sistema termodinámicamente abiertos y en interrelación
con la Gaia y el universo; hay ante todo una interrelación
esencial entre hombres y mujeres, independientemente de su naturaleza,
que está enferma, ruidosa, basada en la subordinación.
La salud pública y la medicina
social no pueden seguir ignorando esta asimetría, esta
inequidad. Un nuevo paradigma debe ser formulado, y quienes
trabajamos por la búsqueda de alternativas debemos ser
enfáticos en no pasar por alto, la urgencia de recomponer
esta relación básica con la otra mitad de la humanidad;
o de lo contrario, no será posible la sostenibilidad
del planeta.
Detrás de la reconstrucción
de la relación en equidad entre hombres y mujeres, debe
proyectarse la equidad en relación a cualquier otra diferencia
de pensamiento, color, idioma, nacionalidad, opción sexual,
etc.
Cuerpos y mentes de hombres y mujeres
deben reconstruir sus diálogos interiores y exteriores.
La prevención y la curación primera, deben orientarse
a tratar con respeto, desde la diferencia sexual, hasta la que
existe en amigdalitis de Pedro o la de María.
Quienes trabajamos en salud, es en la
palabra salud donde debemos hacer el énfasis; y si de
mujeres se trata, el acento no es para reproducir la idea social
de lo que son las mujeres, sino para afrontar las relaciones
de género como posibilidad creadora.
Del
trinomio mujer, salud y desarrollo, al de genero, salud y desarrollo
En el reciente Foro Mundial, organizado
por las Naciones Unidas en Beiging, las mujeres del mundo promovieron
un cambio de enfoque, desde las tradicionales políticas
que solo consideran nuestro rol reproductivo; hasta la adopción
de una perspectiva de género, de modo que las desigualdades
sean tomadas en cuenta, para aplicar discriminación positiva,
si es el caso, pero sobre todo, para recrear desde la salud
un nuevo tipo de relaciones entre hombres y mujeres.
A continuación señalamos
las principales diferencias:
1.
El enfoque. En el primero, enfatiza la enfermedad ligada
a la mujer como socializadora, y a cargo del cuidado de la salud
de hijos, familia y comunidad. El segundo, entiende la salud
como satisfactor integral de las necesidades humanas, develando
las relaciones de poder y subordinación que subyacen
en la división sexual del trabajo, y que causan asimetría
en el ejercicio de los derechos en salud.
2.
El objetivo. En el primero es dirigir programas y servicios
a las mujeres como grupo aislado, sobre todo para la salud materna
y funciones reproductivas. En el segundo, el análisis
está en las asimetrías para acceder a los servicios,
recursos y conocimientos; así como a la manera como se
relacionan las mujeres y los hombres en la demanda de promoción,
protección y mantenimiento de la salud.
3.
El problema. Es visto por el primero como simple insuficiente
cobertura, así como en la carencia de mayores conocimientos,
por parte de las mujeres, para atender mejor a quienes cuida.
Si al niño le da diarrea, o se cae, usted señora
es la culpable. En el enfoque de género, el asunto es
develar las relaciones de poder, subordinación y estereotipos
sexistas que impiden a las mujeres ejercer poder sobre su salud.
Las metas del enfoque "mujer"
se centran en mejorar su salud como inversión de capital,
garantizando por esa vía la salud de su descendencia;
facilitarle su inserción al trabajo y aumentar su eficiencia
para desempeñar las funciones productivas y reproductivas.
La meta en la segunda propuesta, está en reducir el desbalance
de poder de acceso y uso de recursos y beneficios de la atención;
desarrollando opciones autónomas de las mujeres para
decidir sobre su vida, cuerpo y sexualidad.
La solución que propone la primera
política, es integrar a las mujeres a los programas en
marcha. Desde la perspectiva de género, la solución
estará en el desarrollo de las mujeres como sujetos sociales,
apropiadas de conocimiento, información y recursos; así
como autovaloradas y reconocidas social, económica y
políticamente.
Las estrategias en el primer caso, extienden
cobertura, mejorar calidad en la educación de la mujer
en función de su rol de madres y esposas. En el segundo
caso, la estrategia es facultar a las mujeres para la promoción,
protección y autocuidado de la salud; facilitarle mecanismos
de participación y empoderamiento, de negociación
entre sus organizaciones y las instituciones.
Quizá sea necesario finalmente
poner el dedo en la llaga, hablar de los derechos sexuales y
reproductivos de las mujeres, como derechos esenciales a ser
ejercidos de manera autónoma y soberana. Aquí
subyacen los derechos al libre desarrollo de la personalidad,
a la libre opción sobre la maternidad, así como
a disfrutar del sexo como placer, como salud, y como ejercicio
de libertad.
Se habla incesantemente de la voluntad
política de cambiar hacia la sostenibilidad de la vida
del planeta, pero es menester hablar primero de sí misma
o de sí mismo, como agentes de equidad y transformación.
Es indispensable reconocer que el límite más inmediato
de acción para quienes trabajamos en salud, es el planeta
mismo, y que hombres y mujeres estamos aquí para complementarnos
en la diferencia.
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Bibliografía
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de Isis Internacional
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