El
25 de junio de 2000 ha significado una fecha clave para la humanidad
como inicio de la cuenta atrás. ¿Atrás ? ¿No será hacia adelante
? Sinceramente me resulta exultante el saber que tenemos el
alfabeto, las palabras y hasta las frases que nos relatan la
fascinante historia de la vida, pero en un idioma que aún no
conocemos. Hará falta una o un Champolion capaz de descifrar
la epopeya que nos cuentan nuestros genes, al igual que se descifró
la escritura jeroglífica egipcia desvelándonos una deslumbrante
civilización. Las posibilidades que se nos abren son incalculables.
¿Por
qué menciono entonces la cuenta atrás ? Mi razonamiento
es tan simple como evidente : a medida que avanza la ciencia
tecnológica, las posibilidades entre unos seres humanos y otros
se hace abismal. dado que dichas tecnologías se inscriben en
un contexto de comercialización y patentes que inclinan la balanza
a favor de quienes posean un mayor poder adquisitivo.
Es posible que en unos años, Europa y los EE.UU. de América
constituyan un gran geriátrico de saludables viejecitos que
viajen de safari al Africa profunda con leones y jirafas en
libertad pero sin africanos, que habrán sido aniquilados por
las guerras, la malaria o el hambre. O bien al Sudeste asiático
a seguir disfrutando de sus míseras perversiones con las jovencitas
que continuarán muriendo de sida a los veinte años.
Cuando
sean las multinacionales las que decidan sobre nuestra verdad
más radical -ese poema íntimo escrito en la genoma-, y nuestro
destino humano, más o menos longevo, ya no sea tejido por las
Parcas ni guiado por las Musas, mucho me temo que sean las aseguradoras,
los bancos o los patrones los que tengan la última palabra
sobre el devenir de nuestras vidas y de nuestra historia.
Por
todo esto hablo de cuenta atrás. En un sistema patriarcal de
dominación en el que las diferencias se convierten en desigualdades
y las desigualdades en poder financiero, mucho me temo que los
grandes avances científicos y tecnológicos sigan teniendo aplicaciones
interesadas. Si realmente las mujeres no nos hacemos conscientes
de lo que se nos puede venir encima y no somos capaces de cambiar
el orden mundial en lo económico, en lo social y en lo cultural,
nuestras desventajas irán creciendo de modo alarmante : la feminización
de la pobreza, el tráfico de “hembras”, el dominio
de la pornografía, las guerras contra la población civil con
el suculento tráfico de armas que comporta, el creciente poder
financiero concentrado en unos pocos y la destrucción del planeta
seguirán avanzando en progresión geométrica.
¿Por
qué las mujeres ? ¿Por qué cargarnos con esa responsabilidad
? Porque somos las llamadas a preservar la vida, pero no en
un sentido como afirmaba Simone de Beauvoir de lo biológico
como destino y , por tanto, como negación de la libertad personal.
NO. Se trata más bien de una misión, sobre todo, política, de
transformación de un pensamiento y unas estructuras que logren
humanizar lo humano, haciendo un mundo más habitable, una casa
común y no un mercado común, un planeta propio y no un planeta
en venta, unos conocimientos compartidos y no de patentes exclusivas.
Tenemos para conseguirlo unas pocas décadas. Por eso hablo de
la cuenta atrás.
En
cuanto a la feminización del genoma por la genoma ¿por qué no
? Nosotras somos “las madres” y las que transmitimos,
solamente nosotras, una genoma propia inscrito en las mitocondrias
que rodean al núcleo de cada célula. Ellas son las que oxidan
determinados elementos para producir energía. Nuestra genealogía
puede rastrearse de madre en madre hasta llegar a la famosa
Eva mitocondrial, que son unas cuantas. De ahí venimos todas
y todos. Su materia mitocondrial entronca también con los animales,
plantas, hongos y bacterias : con la Vida, en definitiva. No
somos idénticas a los varones, somos diferentes, pero no por
ello desiguales. La pequeña diferencia posee consecuencias incalculables.
Mi propuesta es que dichas consecuencias no se queden en lo
biológico, sino que trasciendan a lo político. Eso, sólo eso,
sería el feminismo.
Junio
- 2000