La
pobreza como violencia estructural.
El
papel de la mujer en la erradicación de la pobreza
I.
La cuestión de la pobreza tiene poco que ver con el ingreso
medio de cada país. Estados Unidos, por ejemplo, tiene
el más alto ingreso per capita medido en términos
de poder adquisitivo, pero tiene también los más
altos niveles de pobreza entre los 17 países más
industrializados (el 16,5 %) mientras Suecia, que ocupa el 13er
lugar en poder adquisitivo, tiene el menor índice de pobreza.[1]
Brasil,
que es uno de los países con potencial industrial y agrícola
más importante en América Latina, tiene casi un
tercio de su población (90 millones sobre un total de 224
millones) que vive en estado de pobreza extrema, pues su ingreso
per capita es de 30 dólares mensuales, cantidad insuficiente
para alimentarse. Brasil tiene una disparidad de bienes entre
los más ricos y los más pobres de las más
altas del mundo y el mayor índice de niños abandonados
en América Latina. Algunos autores consideran a América
Latina como la región más desigual del mundo, pues
poseyendo fuertes ingresos y contando con recursos naturales abundantes,
no habiendo sufrido grandes guerras como muchos países
de Africa o ciertas regiones de Asia, sufre en cambio un incontenible
avance de la pobreza. Según Kliksberg. Coordinador general
de la Iniciativa Interamericana de Capital Social y Eticas del
BID, en el año 2000 la cantidad de pobres en América
Latina era superior a la de 1980, situación atribuible
a una acelerada concentración de la riqueza.
En
esta región, se estima que el 20% de las familias son monoparentales,
con una mujer como jefa de familia y única fuente de ingresos.
Ellas sufren tensiones extremas por falta de recursos para alimentar
o hacer sobrevivir a sus hijos, a quienes defienden con gran coraje
pero en condiciones durísimas. Para ese fin, las mujeres
han tomado sobre sus espaldas todas las tareas relacionadas con
la producción de ingresos que se suman a las de subsistencia,
cuidado y asistencia a los miembros dependientes de la familia.
En muchos casos, no logran evitar que sus familiares caigan en
la delincuencia y en el consumo o tráfico de drogas, una
de cuyas causas es la desarticulación de la familia, del
mismo modo que lo son las desigualdades en la distribución
de la riqueza, la falta de educación y de perspectivas
de vida, la violencia exterior y la violencia en el seno de la
familia y una tendencia de la sociedad a considerar que el lucro
de las empresas debe tener prioridad sobre los factores humanos.
II.
Sin embargo, existen estudios que ponen de relieve que “a
pesar de las desventajas innegables de la mujer en materia de
propiedad, ingresos, crédito y acceso a la tierra…
los niños de los hogares en que las mujeres controlan el
gasto están mejor alimentados, gozan de una salud mejor
y tienen más posibilidades de supervivencia”[2] A
la misma conclusión han llegado otros estudios realizados
en Jamaica, Kenia, Malawi, Costa de Marfil y Guatemala.[3]
III.
La pobreza es una forma estructural de violencia . Y la mujer
es una de las víctimas principales de la pobreza, junto
con los niños, los ancianos, los discapacitados y todos
los grupos vulnerables de la sociedad. Es una de las víctimas
principales de la pobreza por diversas razones: 1. Cuando tiene
empleo, recibe salarios menores por el mismo trabajo; 2. Sufre
la desocupación y la marginalización más
que el hombre; 3. Asume con más ahinco el papel de conservadora
de la familia, en particular de sus hijos y otros dependientes,
y su responsabilidad se ha agravado a causa del aumento de las
familias monoparentales; 4. Es víctima de la violencia
familiar y social, que se descarga sobre los más débiles,
y también de la violencia derivada de la falta de recursos
para la subsistencia; 5. Sufre directamente y en sus hijos y su
familia la disminución del gasto social, que se manifiesta
en falta de recursos para la educación, la salud y los
programas de nutrición en escuelas, guarderías,
para las embarazadas. El gasto social constituía una ayuda
importante en el pasado, antes que las políticas del Estado
de Bienestar fueran reemplazadas por las políticas crudamente
liberales e inhumanas propiciadas por las grandes empresas transnacionales
y los países más poderosos, aplicadas de manera
inmisericorde en la gran mayoría de países del mundo.
IV.
La disminución del gasto social está en relación
directa con las políticas de distribución de la
riqueza, pues el gasto social es una forma de atemperar las injusticias
en dicha distribución y aliviar la situación de
los más desfavorecidos. Los servicios de alimentación,
salud y educación proporcionados por el Estado permiten
que los pobres tengan acceso a esos servicios y les asegura el
goce de derechos humanos que, por la vía privada, no están
a su alcance. Son los Estados quienes deciden la aplicación
de esas políticas, a menudo por imposición de los
nuevos poderes regionales, como ciertas instituciones europeas,
que fuerzan a los Estados a aceptar políticas de corte
neoliberal y aplican sanciones a los países que se resisten
a poner en práctica sus directivas.[4] En esta materia,
las decisiones más importantes de los grupos regionales
son tomadas por instituciones que no tienen carácter electivo
ni son representativas, sino que son nombradas en conciliábulos
privados en los que las grandes empresas y capitales transnacionales
tienen una influencia definitoria.
La
disminución creciente del gasto social, evidente en todo
el mundo, incluidos los países más desarrollados,
ha contribuido a agravar la situación de la mujer. Los
servicios que antes eran proporcionados por el Estado han sido
entregados a empresas privadas que los manejan con fines de lucro
y no como servicios públicos. De ese modo, la salud, la
educación, las pensiones, son cada vez más el privilegio
de quienes tienen empleo o bienes para solventar los gastos, mientras
los pobres, particularmente las mujeres, son excluidos del goce
de derechos humanos fundamentales. En general, las políticas
neoliberales han hecho desaparecer la noción de servicio
público, pues existe una contradicción entre ese
tipo de servicios y el lucro privado. La noción de interés
público ha sido extirpada de la sociedad de mercado en
que vivimos, en la que el beneficio de las empresas cuenta más
que la vida de las personas. Escuelas, guarderías infantiles,
oficinas de correo, líneas de transporte que antes eran
subvencionadas o sostenidas por el Estado han sido suprimidas
o entregadas a manos privadas, con perjuicio de las comunidades
que las utilizaban.
V.
Todos los países del mundo han disminuido el gasto social.
La ex primera ministra del Reino Unido, Margaret Thatcher, una
de las pioneras de las políticas neoliberales, redujo drásticamente
el gasto social llevando su porcentaje en relación con
el PNB de 6.5 en el período 1960-75 a 2.6 en el período
1980-85.[5]
Todos
los demás países lo hicieron también. En
América Latina Pinochet, inspirado en Milton Friedman y
asesorado por los “Chicago boys”, fue el primero en
aplicar con determinación una supresión creciente
del gasto social.
Un
estudio publicado por el UNRISD para la Cumbre Mundial del Desarrollo
Social de 1994 [6] dice que Chile pasó de un esquema estatal
a otro privado y que todo el sistema de pensiones fue entregado
a empresas privadas que lo gestionan sobre la base de aportes
individuales. Ese sistema requirió, en los hechos, amplios
subsidios públicos, con lo que, en definitiva, se trata
de un sistema privado subsidiado, cuyos costos parecen ser excesivamente
altos. Hoy podemos agregar que los altos costos y los subsidios
no han impedido que el sistema se encuentre actualmente en crisis.
En resumen, los fondos que antes eran destinados a pagar directamente
las pensiones son actualmente asignados a asegurar el lucro de
las empresas.Son pocos los empleados que pueden acogerse a tales
sistemas, que sólo cubren a la fuerza de trabajo más
privilegiada y estable, pero son, en lo esencial, inaccesibles
para los trabajadores informales, mucho menos para los desempleados.
Los sistemas de salud estatales han sido igualmente sometidos
a la privatización con idénticos resultados. Esto
significa que las políticas aplicadas han profundizado
las diferencias en la distribución de las riquezas y agravado
la situación de los más pobres.
VI.
Como víctimas de la agudización de la pobreza, las
mujeres tienen un papel importante que cumplir. Este papel no
es el de reemplazar la falta de acción del Estado con su
propio trabajo, que es lo que sucede en los hechos, porque ello
equivale a agravar la explotación del trabajo no remunerado
de la mujer. Su papel debe elevarse por encima de la esclavitud
a que la somete la pobreza y la extrema pobreza, tomando las decisiones
que le conciernen a ellas y a su comunidad mediante todas las
formas posibles de reparación de la injusticia y de producción
de recursos, por ejemplo, eliminando intermediarios en el proceso
de producción. Como ejemplo de esto último la AAJ
desea citar las numerosas fábricas abandonadas por sus
propietarios o en situación de quiebra en Argentina, que
fueron tomadas por los obreros, quienes las hacen producir y están
logrando equilibrar sus balances con los acreedores, al mismo
tiempo que compensan con salarios más altos el trabajo
del personal, gracias a la simple eliminación de los propietarios
anteriores, quienes habían llevado a la ruina dichos establecimientos.
Muchas de esas fábricas están dirigidas por mujeres.
También están dirigidos por mujeres los movimientos
que se hacen cargo de construcciones abandonadas por sus propietarios
para dar alojamiento a numerosas familias sin techo.
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[1]
“Desarrollo Humano, Informe de 1998, publicado por el Programa
de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), pág 29.
[2]
“Estados de desorden – Los efectos sociales de la
mundialización” publicación del Instituto
de las Naciones Unidas para la Investigación sobre el Desarrollo
(UNRISD), 1995
[3]
Idem 1, págs. 52-53
[4]
En enero de 1994, Le monde Diplomatique publicó una carta
firmada por Corinne Gobin referente a una comunicación
enviada por la Comisión de la Comunidad Europea a los cinco
países que habían ratificado el Convenio de la OIT
sobre trabajo nocturno de las mujeres, para solicitarles que denunciaran
dicho Convenio. Dice la autora, entre otras cosas: “Existe
otra política antisocial en el área de la intervención
directa: aquélla institucional que practica la Unión
Europea. Se manifiesta por el abandono de las conquistas fundamentales,
cuando las instancias comunitarias toman decisiones que constituyen
una regresión con respecto a las normas de la OIT o de
la Carta Social del Consejo de Europa. Las manifestaciones de
este dumping especial se multiplican, en relación con la
protección de la maternidad, de la duración semanal
del trabajo, del trabajo de los niños, del trabajo nocturno
de las mujeres.”
[5]
European Centre for Social Welfare Policy and Research, “Welfare
in Civil Society”, Informe para la Conferencia de Ministros
Europeos encargados de Asuntos Sociales, Bratislava, Eslovaquia,
1993, págs.91-92.
[6]
Esping-Andersen, G., “After del Golden Age, the Future of
the Welfare State in the new global order”, UNRISD, Ginebra,
Suiza, 1994 (UNRISD/OP/94/7), pág. 21.