SINTESIS
DEL RELATO
PANEL : NIÑEZ Y ADOLESCENCIA
"La
Convención sobre los Derechos del Niño -CDN- y
la Convención sobre la Eliminación de todas las
formas de Discriminación contra la Mujer -CEDAW- reconocen
que los/as niños/as y las mujeres tienen necesidades
especificasque la sociedad ha abandonado o descuidado, un abandono
que es a la vez una causa y un resultado de las formas concretas
de discriminación que sufren estos grupos".
FEIM : DECLARACIÓN DEL 8 DE MARZO 2001.
En este contexto preparatorio de la "Conferencia Mundial
contra el racismo,la discriminacion racial, la xenofobia y las
formas conexas de intolerancia" introduciré la categoría
NIÑAS como modelo de discriminación voluntaria
encubierta.
La
temática de los derechos de las niñas fue enfatizada
en la última Sesión de Naciones Unidas sobre la
Infancia. Los derechos de la niñas como tema específico
abordará en la Primera Sesión Especial sobre el
VIH/SIDA de próxima realización.
Uno
de los problemas metodológicos que encontramos al abordar
los derechos de las niñas como tema específico,
es la ausencia de indicadores que funcionen como herramientas
aptas para operar en materia género.Los indicadores aportan
información acerca del tema que habrá de tratarse
y facilitan la creación y/o formalización de criterios
para diseñar políticas y evaluar los recursos
con los que se cuenta. Un indicador inicial parte de la comparación
entre la idea y la conceptualización acerca de niño
y de niña históricamente evaluada.
Al
respecto quiero relevar la importancia y significación
del silencio que alrededor de las niñas impregna los
discursos referidos al abstracto niñez. Silencio equivalente
a omisión que como tal se instituye en términos
de discriminación
Dicho
silencio es tributario de la invisibilidad, de los estereotipos
y de las vulnerabilidades a las que las niñas están
expuestas y que, junto con el aprendizaje de la vergüenza
y la obediencia pueden considerarse organizadores de la vida
de las niñas y posteriormente de las vidas de las mujeres.
La creación de indicadores para analizar el tema y fundamentar
las recomendaciones precisa aportes estadísticos. Antes
de iniciar el desarrollo de mi propuesta subrayo la inexistencia
total de estadísticas que hayan desagregado a la niña
del corpus niñez, distinguiendola del niño.
Si
uno de los derechos humanos es el derecho a su identidad, este
derecho no perderá su estatuto de ficción mientras
la literatura, el decir popular, la academia y el periodismo
insistan en llamar niño a quien es una niña.-
Esta diseminación del sexismo mediante el lenguaje adquiere
características de violencia simbólica e invisible
cuando se le otorga un tratamiento frívolo restándole
importancia; de este modo se banaliza la homologación
niña como femenino de niño .Admitir esta equivalencia
prologa una perversión del lenguaje,la que conduce a
utilizar el masculino hombre como genérico de humanidad.
La
discriminación de la niña comienza con su presencia
en los imaginarios y con su ausencia simbólica cuando
se la nombra mediante la extensión ilícita del
masculino.Cuando es pensada por el otro surge el deterioro de
su posición real, que corresponde a una niña y
no a un varón.
Lo
que aqui pongo en juego es la elección de los adultos
cuando perpetran esta homologación niño=niña
en la tramitación de la comunicación verbal, escrita,
técnica o doméstico-familiar. Observarlo y comentarlo
criticamente produce rechazo o fastidio manifiesto en quienes
son interpelados al respecto.
Desde
muy pequeña-salvando las excepciones antropológica
e históricamente registradas- la niña queda expuesta
a teorías familiares y sociales encargadas de marcar
las que se consideran sus deficits e inferioridades: paulatinamente
se le transmite, mediante pautas culturales expresadas mediante
discursos y otras modalidades, que ella es inferior a varón,
que no dispone de la misma inteligencia, y que su futuro dependerá
de su pareja con un varón(ya sea para subsistir economicamente
o ñpara no padecer desamparo psiquico). Esta modalidad
adquiere relevancia particular en las niñas que forman
parte de las clases populares.
Más
allá de las diferencias que pueden encontrarse en el
análisis de diversos grupos sociales, las niñas
aprenderán que el interior de su cuerpo producirá
la sangre menstrual que evidenciaría la calidad de un
cuerpo sucio y enfermo; en paralelo quedará excluída
de la nominación de sus genitales externos e internos,
si se exceptúa la inclusión de la palabra panza
en lugar de útero, panza que queda convertida en recinto
de "los hijitos que ella deberá engendrar".
Las
mujeres creyeron y se lo transmitieron a sus hijas, que su destino
era el sufrimiento,la obediencia y la esclavitud, más
aún, que lo merecían por ser personas incompletas
e incapaces. segun los discursos dominantes. Afirmación
que recubre una distincion de jerarquias sociales y políticas.
Esta
transmisión de mitos, creencias y prejuicios por parte
de las adultas (madres, maestras,etc,) hacia las niñas
demandarían una larga exposición;solamente mencionaré
la responsabilidad del genero mujer cuando persiste en el lugar
de aquellas que se identifican con el agresor y reproducen el
mensaje sexista. La produccion del discurso dominante es masculino
y cuenta con la adhesión no reflexiva de un universo
significativo que forma parte del genero mujer.
Sujeto
en crecimiento
Desde
el punto de vista psiquico, en el mismo momento en que el sujeto
se inicia en el lenguaje se torna mas evidente la diferencia
entre los sexos.Momento de la primera infancia en el que produce
una marca respecto de la posibilidad de nominar, de nombrar
las cosas y a quienes los rodean. La aparición del lenguaje
y la posibilidad de distinguir los generos se gestan en la prim,era
infancia al unisono durante el procesos psiquico evolutivo.Pues
en ese mismo momento se induce la confusión acerca de
la "superioridad" del varón que no es ajena
a la relación sexualidad/poder.
Si
pretendemos desactivar esta creencia es preciso intervenir en
la construccion de los procesos intelectuales, judicativos y
desiderativos de la comunidad para resignificar la existencia
y la identidad de la niña. Para desagregarla del magma
que la niñez implica.
Este
enfoque psicológico puede acoplarse al concepto de capital
cultural, acuñado por Bordieu que nos remite
a la acumulación de registros que acerca de su cultura
van logrando los seres humanos durante su existencia.
Invisibilidad
Las
niñas han sido y continúan siendo invisibles en
la historia, en los estudios sociales, en el lenguaje, así
como escasa y malamente descriptas en los aportes de la psicología
(salvando notorias excepciones); su invisibilidad bloquea la
formulación del diagnostico más perturbador y
más necesario de nuestro tiempo en materia géneros
mujer y varón. Ese diagnóstico es el que conduce
a darnos cuenta que aquello que debería ser objeto de
estudio y revisión es el conjunto de herramientas que
utilizamos para pensar y actuar, en este caso, acerca de los
géneros. Sería preciso tomar como objeto de estudio
no solo los modelos patriarcales incrustados en los imaginarios
sociales, sino la dificultad para encontrar o construír
pensamientos que no estén sujetados por la metodología
que regularon esos modelos. El lenguaje no se corrige porque
está tan corrompida la herramienta que ni siquiera les
permite pensar que es preciso corregir.Estamos en el territorio
de las denominaciones que no advierte que se carece de nominación
para nombrar aquello que al nombrarse se torna reconocible en
la diferencia.
O
sea: La invisibilidad de la niña está acompañada
por su situación como sujeto en crecimiento, perteneciente
a un género que el discurso canónico definió
privilegiando el pudor sexual como variable de riesgo. Queda
a la vista que históricamente se trató de una
sujeto bajo sospecha.
La
invisibilidad y su puesta bajo sospecha responden a un orden
religioso-vertical, que a su vez es tributario de un orden natural
pragmáticamente interpretado: dado que la niña
aún no sirve para reproducirse carece de utilidad socialmente
reconocida. Inutilidad "superada", o "resuelta"
por la práctica del incesto, tolerada por el orden patriarcal.
Practica que aun subsiste entre nosotros enmascarada en la ley
bajo la forma de abuso sexual agravado por vínculo, figura
que sustituye semánticamente el delito de incesto. Delito
que entre nosotros no es autónomo e incriminable como
tal.
Sin
embargo el pragmatismo paidófilo inventó la utilidad
de la niña prostituyéndola: o bien incorporándola
en el trabajo mendicante como productora de bienes, rango que
comparte con los varones pero con otra índole de riesgos.
Unidad
de medida
Si
eludimos nuevamente las diversidades que aportan los datos históricos-las
niñas constituyeron una unidad de medida que se caracterizó
por las que se describieron como especificidades : ser dulces,
suaves, complacientes, no-agresivas, en tránsito hacia
su destino como futura madre y esposa; ése fue el rasero
que consagró la unidad de medida. Pero esta unidad de
medida que al mismo tiempo había decretado su invisibilidad
como sujeto social y que pretendía mantenerse fija (como
corresponde a una unidad de medida), comenzó a derretirse
debido a la conciencia de los movimientos de genero, a las teorías
feministas y a los comportamientos de las niñas.
La
legitimación de la niña actual como sujeto diferente
de los contenidos del discurso canónico proviene de las
políticas que se dieron a si mismas niñas y adolescentes
que operan en los intersticios, en los resquicios
que dejan entreabiertos los imperativos culturales, al decir
de Turner. Espacios donde se reinscriben y ajustan las cosas
aprendidas y aceptadas. En esos espacios intersticiales
las niñas y adolescentes inventaron culturas atropelladortas
de las imposiciones convencionales: por ejemplo, hacen lo que
les parece mejor con sus horarios nocturnos, ensayan pensamientos
nuevos acerca de sus cuerpos, de sus funciones reproductivas,
de sus vinculos con otros y acerca de su futuro. Lograron espacios
de maniobra para alterar las recomendaciones familiares y escolares
y generaron experiencias de identidad contrastantes con las
ilusiones, esperanzas y apuestas parentales. Produjeron sus
propias políticas (Giberti 1993) y al hacerlo dejaron
a la vista lo indeterminado de las que se supusieron unidades
de medida para describirlas.
La
niña, indefinida semánticamente y transvasada
al género otro, tejió posibilidades nuevas asociandose
con otras niñas y descomprimió la infraestructura
donde residía la unidad de medida niña, para comenzar
a registrarse, percibirse distinta de aquello que los demás
le decían que era.
Mientras
las practicas políticas se reducían a un quehacer
de elite, fue posible mantener esa unidad de medida, pero una
vez que el genero mujer avanzó en los territorios de
las politicas y de la participación, se complejizaron
los silencios y las omisiones. Hoy hablamos de las niñas,
reclamamos por ellas y afirmamos que es preciso hablar de ellas
y definir politicas publicas que la reconozcan y las abarquen,
asumiendo las especificidades acordes con su estatuto de niñas.
Realidad
y racionalidad como fundamento para una nueva propuesta referida
a Políticas Públicas destinadas a las niñas
Una
tarea preventiva de antidiscriminacion demanda transformar la
realidad que niñas y adolescentes nos evidencian, y convertirla
en racionalidad: esto es un hecho político.
Racionalidad consensuada que registre y selecciones lo mejor,
en el sentido de lo más prometedor de esa realidad.No
cualquier aceptación de cualquier realidad. Racionalidad
cuya evidencia y cuya fuerza puede resultar, de la producción
de políticas públicas destinadas a desinvolucrar
a las niñas y las adolescentes de los genéricos
niñez y adolescencia. Es decir, evaluar, reconocer y
orientar los ritmos y contenidos de los cambios que las niñas
y adolescentes protagonizan: la selección y la valorización
de tales cambios constituye un ejercicio del poder a cargo de
quienes deben poner en acto las politicas pùblicas atendiendo
al futuro de quienes ahora son niñas.
La
nueva racionalidad que demandan los cambios que niños,
niñas, púberes y adolescentes varones y mujeres
protagonizan, se caracteriza porque exige comprender los nuevos
fenómenos en su proceso de articulación
con lo que aun existe, con lo que tradicionalmente puede persistir.
Una racionalidad que se caracterice por comprender los hechos
en sus diferencias, lo cual forma parte de un proceso de simbolización
resignificada y corregida. Es decir, políticas que propongan
-y orienten- prácticas destinadas a desactivar prejuicios
y estereotipos acerca de las niñas además de introducir
modos de producción que avancen más allá
de las recomendaciones convencionales respecto de sus derechos
humanos.