| El
sexo es una obsesión del Vaticano y una vez más lo atestigua con
el reciente documento sobre feminismo titulado 'Carta a los Obispos
de la Iglesia Católica sobre la colaboración del hombre y la mujer
en la Iglesia y en el mundo' proveniente de de la Congregación para
la Doctrina de la Fe, firmado por el cardenal Joseph Ratzinger.
Según
lo anunciado en la Conferencia de Prensa del jueves 29 de julio,
en el Vaticano, el documento 'profundiza la antropología cristiana
que propone la igual dignidad personal entre el hombre y la mujer,
en el respeto de su diversidad, y la necesidad de superar y eliminar
toda discriminación en sus derechos fundamentales'.
Para
un propósito tan grandilocuente no podía ser menos que la primera
frase del Documento tuviese esa característica de omnipotencia por
lo que explica que esa interpretación de antropología 'cristiana'
(¿?) surge de una iglesia 'Experta en humanidad' pero que ahora
'se siente ahora interpelada por algunas corrientes de pensamiento,
cuyas tesis frecuentemente no coinciden con la finalidad genuina
de la promoción de la mujer'.
En
sus 37 páginas la Carta abunda en citas bíblicas y de pensadores
católicos romanos, especialmente del Papa Juan Pablo II, para finalizar
aprobando la tradicional visión Vaticana del rol femenino de la
maternidad, de su capacidad de escuchar y atender al otro y la incambiable
doctrina de que el sacerdocio es solo para los hombres.
De
esta forma el documento, construido por sacerdotes y aprobado por
el Papa -todos varones, solteros, de juramentación célibes-, es
una versión dogmática, sin renovación, que servirá como instrumento
reafirmativo de la ya conocida versión patriarcal católica romana
donde se sostiene que la mujer fue creada 'por razón del hombre'
(punto 6, párrafo 6).
Sin
considerar la historia de cómo surge la familia conocida, sostiene
que ella es amenazada por 'el feminismo moderno que lucha por la
fuerza y la igualdad de género', una posición (género) que pone
al Vaticano al borde de la histeria y que es usada para atacar la
homosexualidad al decir que habla de 'El ocultamiento de la diferencia
o dualidad de los sexos…' y que ''En esta nivelación, la diferencia
corpórea, llamada sexo, se minimiza, mientras la dimensión estrictamente
cultural, llamada género, queda subrayada al máximo y considerada
primaria'.
'La
experta en humanidad' que en los últimos años facilitó a los medios
de todo el mundo el surgimiento de grandes titulares sobre la corrupción
de menores por parte sus funcionarios, cuela el mosquito y se le
escapa el camello ofreciendo un documento que puede servir para
una nueva caza de brujas y brujos.
Es
atendible que esta interpretación de 'La obsesión Vaticana' por
el sexo puede también titularse 'La obsesión por mantener el patriarcado'
pero debe reconocerse que amabas cuestiones van juntas y que el
patriarcado es lo que permitió que el varón usase el sexo con libertad
y se lo reprimiese a la mujer.
Desde
esa critica también podría hablarse de la 'obsesión' por el poder
que podría servir como interpretación de esta Carta, pero, nuevamente,
nos encontramos con el tema del sexo que va ligado al del poder
como al del patriarcado.
Las
tres expresiones, sexo/patriarcado/poder, van intrincadamente juntas
en instituciones eclesiásticas, tanto en la Iglesia Católica Romana
como en evangélicas y protestantes, que reaccionan ante los cambios
sociales que las colocan en inferioridad de condiciones con respecto
al pasado en el cual ocupaban el centro de vigilancia de las costumbre
sociales.
Hoy
los grandes templos siguen ocupando el lugar central en la céntrica
plaza de muchas ciudades occidentales pero ahora la vida pasa por
otros lugares que no son el centro.
Ese
hecho se ejemplifica en multitudes de iglesias barriales como también
en la promoción publicitaria de una ciudad o país que deja de lado
o minimiza la arquitectura eclesiástica.
Hasta
hace poco tiempo en esas publicidades los templos solían ocupar
prominentes lugares pero hoy son sustituidos por otros edificios,
incluidos los deportivos. Una muestra de ello fue la promoción de
la Copa Europea del fútbol, con sede en Portugal, donde la visión
publicitaria dejó de lado los históricos templos para darle cabida
otras expresiones arquitectónicas o paisajistas, más 'atractivas'
para el turismo.
La
Carta es otro gran esfuerzo para ver como se salva una estructura
societaria que ya dejó de crujir para comenzar a derrumbarse y que
se mantiene por su gran poder político económico y no por las convicciones
de fe. Menos por su inserción en la vida real. |