Premisas o ideas generales
· La violencia de género es, eso, de género. Básicamente, es un síntoma que nos indica la incapacidad que están mostrando una buena parte de los hombres para adaptarse a una sociedad con nuevos valores igualitarios. Esto implica que es una parte de un problema más general que podríamos identificar como la dificultad de los hombres para adaptarse a la igualdad .
· Es un problema muy complejo en el que intervienen múltiples variables psicológicas y sociales. Y, como tal, hay que abordarlo.
· Es el recurso del que están echando mano millones de hombres en todo el mundo, que no saben, pueden o quieren utilizar otro tipo de herramientas y procedimientos para acometer un conflicto en sus vidas.
· Todos los hombres hemos sido socializados por el mismo modelo de masculinidad al que llamamos “ modelo tradicional masculino ”, aunque las consecuencias individuales de ese proceso son muy diferentes entre unos y otros. Por tanto, todos los hombres hemos de mirarnos a nosotros mismos para identificar nuestras partes de machismo y violencia.
· El modelo tradicional masculino sigue siendo el elemento dominante –en sus contenidos y mandatos- en el proceso de socialización de la gran mayoría de los hombres. Así lo demuestra, por ejemplo, nuestra experiencia en Talleres de prevención de violencia de género en Institutos, en los que lo más habitual es encontrarnos con una gran mayoría de chicos –y también chicas- que mantienen valores y actitudes ampliamente sexistas.
· En lo público y en lo privado, están cambiando las relaciones inter.-género. Buena parte de los hombres están aceptando este cambio. El problema viene del hecho de que no es un cambio promovido “motu propio”. Así, muchos hombres están hoy desubicados, sin unos referentes concretos acerca de cómo ser y comportarse. No se está generando un modelo de masculinidad propio que sustente, explique, dé cuerpo y acoja estas nuevas formas de ser y estar masculinas [1] .
· La población masculina no es única y homogénea. Por los datos que tenemos, podemos definir, básicamente, tres grandes grupos de hombres:
o La mayoría de los hombres, aproximadamente el 85%, está situado, según palabras de un estudio realizado por Emakunde, el Instituto Vasco de la Mujer, en el discurso de lo políticamente correcto, es decir, han aprendido a mantenerse en lo socialmente aceptado pero, sin embargo, no han realizado ningún cambio real, interior, hacia posiciones igualitarias. La podemos denominar mayoría desconcertada o desubicada .
o Aproximadamente el 10-15% de los hombres han adoptado una actitud contraria a las mujeres y su avance. De este grupo se nutren mayoritaria, aunque no exclusivamente, las filas de los maltratadores. Son los nuevos misóginos, los defensores del hombre , pues basan su discurso en el planteamiento de que los hombres son los nuevos discriminados ante el avance abusivo de las mujeres. Este planteamiento tiene acogida en una parte considerable del grupo mayoritario. El peligro estriba en que este sector se organice (ya está habiendo intentos serios) y consiga generar un discurso que llegue a la mayoría de hombres, articulándose un movimiento de defensa del hombre .
o En el otro extremo, aproximadamente el 1-5% de los hombres, mantienen posturas que se pueden considerar sustancialmente igualitarias y favorables al avance de las mujeres. Los podemos llamar hombres igualitarios .
· En el proceso de maltrato, prolongado durante años, se produce un reforzamiento de la seguridad personal del maltratador, a cambio de un ejercicio de poder despótico, cada vez más desmedido, sobre su víctima, que al ser mujer, encarna en una persona cercana a él, el conjunto de población al que culpa de su situación. En este sentido, el proceso de maltrato es una venganza contra el mundo y, en especial, contra las mujeres.
NOTA: A pesar de que en este documento, hablemos de construir nuevos modelos de masculinidad, hemos de indicar que el objetivo último que plantea AHIGE, sería construir una sociedad en la que se hayan superado los roles y las identidades de género. Una sociedad en la que ya no habláramos de modelos masculinos y femeninos, sino de personas. No obstante, pensamos que para llegar a esa situación ideal, aún queda mucho y que, en estos momentos, el objetivo ha de ser cambiar el modelo de masculinidad, basado en las ideas de poder, fuerza, superioridad masculina, competitividad y agresividad, por otro basado en valores como la igualdad, el respeto y la solidaridad.
El modelo tradicional masculino
Entendemos por modelo tradicional de masculinidad, el conjunto de valores, ideas y actitudes que históricamente, han determinado cómo debe ser un hombre. Este modelo tradicional de masculinidad es una de las piezas claves del patriarcado, término que utilizamos para referirnos a nuestra propia sociedad, en tanto que en ella se ha establecido una clara distinción en roles e identidades, entre lo masculino y lo femenino y en la que el hombre ha contado con una serie muy amplia de privilegios a costa de la discriminación de la mujer.
Lo podríamos describir a través del siguiente perfil:
· La idea básica es la de fuerza . El hombre ha de ser fuerte, siempre fuerte y en todo momento. Y lo que es peor, ante sí mismo. El hombre no puede permitirse la debilidad. Esto es especialmente cierto en todos aquellos temas en que los hombres sientan que se pone en juego su masculinidad y/o las relaciones con las mujeres.
· La masculinidad es un club selectivo en el que hay que ganarse la admisión demostrando que se es digno representante de los “valores masculinos”. Tradicionalmente, el ingreso se hacía mediante rituales de iniciación.
· El hombre mira a lo público y lo social. En ese escenario es donde se mide constantemente con sus rivales (los otros hombres) y consigo mismo (su gran rival).
· A través de un largo proceso histórico, el hombre se ha acostumbrado a ver a las mujeres como seres inferiores que le han de respetar y cuidar. Su maltrecha seguridad personal (siempre agredida por las altas exigencias que el modelo impone en el ámbito de los social) se ha visto compensada por su posición de poder y privilegio indiscutido ante las mujeres. Al menos ahí, siempre mantenía un reducto de seguridad.
· En el terreno de lo privado, el hombre lo que pide es una compañera que desarrolle la función de acompañante y cuidadora del “descanso del guerrero”. Delega en ella las cosas “poco importantes”: gestión y cuidado de la casa, cuidado de los hijos y mayores, y relaciones sociales/familiares.
· Su función tradicional en la familia es de protector y proveedor , además de impartir justicia desde su autoridad.
· En la sexualidad, este modelo de poder, fuerza, exigencia y supremacía sobre la mujer, ha dado lugar al mito del supermacho . Aquí, cualquier hombre debía / debe ser un superman sexual. De lo contrario, se pone en cuestionamiento su hombría. Esto sólo podía funcionar en tanto en cuanto a la mujer se le había negado su propia sexualidad. En el momento que la mujer supera esta situación, el modelo de superman sexual, de gigante sexual con los pies de barro, se ha venido abajo [2] .
La personalidad masculina se ha ido conformando históricamente como respuesta a este conjunto de premisas y exigencias. Es una estructura personal que ha funcionado muy bien durante milenios, en tanto que sus poseedores debían desempeñar funciones de mando y lucha. Ha permitido, por ejemplo, que generación tras generación, los hombres hayan ido afianzando su poder masculino.
Pero pasados los años, se está demostrando una estructura muy poco adecuada para el cambio hacia valores y relaciones en igualdad.
Factores que dificultan el cambio de los hombres y que, por tanto, favorecen la aparición de la violencia de género.
· Pérdida de poder y privilegios . Nunca, un grupo de poder lo ha abandonado por voluntad propia y sin resistencias. Aquí se ha de tener en consideración que no se trata sólo de que los hombres no quieren perder sus privilegios, sino que buena parte de su seguridad personal y como grupo, está basada en una situación milenaria de poder y status privilegiado, cuya pérdida, causa gran inseguridad.
· El analfabetismo emocional masculino . La consecuencia más directa y grave de la estructura de personalidad masculina y del modelo de masculinidad, es que los hombres se han convertido en personas incapaces de relacionarse de forma madura y positiva con su propio mundo emocional y con el de las personas que les rodean.
Ser fuerte y serlo siempre, es absolutamente incompatible con lo que es una persona “normal” y con poder sentir alguno de los 4 sentimientos considerados básicos: la ira-rabia, el miedo, la tristeza y la alegría.
Estos son los cuatro elementos que componen la paleta básica de nuestros sentimientos. No sólo todos los seres humanos, sino los mamíferos superiores, los tienen. Y, sin embargo, en aplicación del modelo masculino tradicional, los hombres nos negamos dos de ellos. A una persona que se le “mandata” que ha de ser siempre fuerte, le resulta absolutamente incompatible el poder sentir miedo y tristeza. Sencillamente, no se puede sentir miedo y hacer creer a los demás y, sobre todo, a uno mismo, que se es realmente fuerte. No se puede sentir tristeza si se supone que uno ha de controlarlo todo, ser fuerte y poderoso. Y, muchísimo menos, miedo o inseguridad. Este último sentimiento está proscrito en el espectro de posibilidades masculinas, desde muy pequeñitos.
Se dice que los hombres no saben expresar sus sentimientos. Esto sería la base de lo que podríamos llamar “el analfabetismo emocional masculino”. Sin embargo –y a la vista de lo explicado resulta evidente- el problema es anterior. No es que los hombres no sepan expresar sus sentimientos, es que no saben identificarlos .
· Rencor e inseguridad ante el avance de las mujeres . Los hombres ven, desde hace décadas, que las mujeres avanzan y ellos están estancados. Ven que el “equilibrio” tradicional está siendo sustituido por una nueva sociedad “diseñada por las mujeres”. En este proceso, los hombres hace ya años que empiezan a verse como víctimas de un “poder femenino/feminista” que –y este es el gran temor de la mayoría de los hombres en la actualidad- no se va a parar en la igualdad, sino que, una vez tomado el impulso, el movimiento seguirá hasta copar todo el poder y dejar a los hombres doblegados y “esclavos”.
· Falta de referentes sociales. Ausencia de modelos alternativos de masculinidad . En las últimas décadas, se han generado nuevos modelos de feminidad, pero en cambio, no ha aparecido un modelo de masculinidad alternativo al tradicional. La minoría de hombres que están dispuestos al cambio, y en especial los jóvenes, no disponen de un referente que facilite ese cambio.
· Control masculino : existe un alto grado de control social entre hombres, de tal manera que aquel que incumpla las reglas del modelo de masculinidad y el pacto de “autodefensa” ante las mujeres, es duramente castigado (burlas, chanzas, chistes, desprecios, insultos, aislamiento, etc.).
Hay que hacer mención de otro fenómeno social masculino que podríamos denominar como la permisividad hacia los violentos . Se trata de un cierto colchón social del que disfrutan los hombres que ejercen la violencia sobre las mujeres. Esto es lo que permite, por ejemplo, que el maltratador reconocido como tal en toda la comunidad, pueda mantener una vida social comunitaria, sin ningún tipo de inconvenientes.
Propuestas para el cambio. Lo que estamos haciendo desde AHIGE
Generar modelos alternativos de masculinidad , válidos y validados por los hombres. Para ello, es necesario movilizar a los hombres haciéndoles entender que el problema de la igualdad y el de la violencia de género, no son cuestiones de mujeres. También nos afectan a nosotros. Ejemplos de actuaciones en esta línea son:
- Talleres sobre género, igualdad, nueva masculinidad y relaciones inter.-género.
- Talleres de género, igualdad y prevención de la violencia en enseñanza secundaria.
- Promoción de Redes/Plataformas de Hombres por la Igualdad y contra la Violencia de Género. Un ejemplo de esto es el proyecto Igualaria-Málaga (Red de jóvenes por la igualdad y contra la violencia de género), que estamos poniendo en marcha junto con la Diputación Provincial de Málaga.
- Proyecto “Líderes en Igualdad”. Para contrarrestar el efecto control que unos hombres ejercen sobre otros, promovemos que sean los hombres que ostentan el poder, los líderes, los referentes sociales masculinos, los que primero se impliquen en el cambio y en la lucha por la igualdad y contra la violencia de género. Por ejemplo, participando en talleres de igualdad, etc.
- Proyecto CO-RESPONDE, cuyo objetivo es facilitar la implicación de los hombres en la corresponsabilidad doméstica y familiar.
Un nuevo mensaje basado en las ganancias de la igualdad . Junto al tradicional mensaje de “exigencia” consistente en: “ tienes que cambiar porque es de justicia ”, que consideramos necesario y ha de mantenerse, es muy importante generar otro mensaje en positivo, que llegue más cercano a los hombres. En este mensaje el cambio se hace por solidaridad y por las propias ganancias que obtienen los hombres con el cambio hacia posiciones igualitarias y con el abandono del corsé y esclavitud que significan las imposiciones del modelo tradicional: “ Oye, ¿te has parado a pensar lo que ganarías si, en vez de seguir en tu postura de no cambio y de atrincheramiento en el machismo, te abres a la igualdad?” .
GANDHI. Programa de prevención específica contra la violencia de género . Es un servicio que está en fase de puesta en marcha, que inauguraremos en los próximos meses y que consiste en detectar e intervenir en aquellas situaciones –especialmente de pareja- en que se empiezan a producir conductas de incipiente violencia en los hombres.
La idea es actuar antes de que se produzca una situación-problema de carácter grave, en la que siempre es mucho más difícil la intervención.
Generar redes de hombres y mujeres igualitarios. Para ello, promovemos la creación de grupos de hombres, realizamos encuentros anuales de hombres por la igualdad y un encuentro, también anual, de hombres y mujeres por la igualdad.
[1] Un ejemplo ilustrativo del tipo de cambio que se está produciendo en los hombres es una anécdota ocurrida, no hace mucho, en un gimnasio. Entre la población joven del gimnasio, se ha impuesto la moda de depilarse el cuerpo, especialmente, las piernas, de tal manera que extraña alguien que no lo haga. Se podría pensar que esto es un avance importante con respecto a la cultura tradicional masculina. Sin embargo, no es así, pues esos mismos jóvenes y con la misma naturalidad, hablan de sus relaciones con las chicas desde términos extremadamente sexistas, reproduciendo sin ningún tipo de rubor, las posiciones machistas de sus padres o, más bien, la de sus abuelos.
[2] De manera estrepitosa además. En estos momentos, se calcula que, aproximadamente, un tercio de la población masculina tiene problemas de disfunciones sexuales.