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“El
señor Moyo va al médico.
-¿En qué trabaja?, pregunta el médico.
-Soy agricultor, responde el señor Moyo.
-¿Tiene hijos? pregunta el médico.
-Dios no me ha tratado bien. De 15 nacidos, sólo 9 están
vivos, contestó el señor Moyo.
-¿Su esposa trabaja?
-No, ella está en la casa.
-Ya veo, ¿Qué hace ella en el día?
-Bueno, ella se levanta a las cuatro de la mañana, trae agua
y leña, prende el fuego, prepara el desayuno y limpia la
casa. Después va al río y lava la ropa. Una vez por
semana va caminando hasta el molino; luego va al pueblo con los
niños más pequeños y allí vende tomates
en la calle mientras teje. Compra lo que necesita en la tienda y
luego prepara el almuerzo.
-¿Usted regresa a casa a mediodía?
-No, ella me lleva el almuerzo. Yo estoy a unos 3 kilómetros
de distancia, no me alcanza el tiempo para ir y venir.
-¿Y después de eso?
-Después voy al pueblo a ocuparme de los negocios y a reunirme
con los hombres de la junta.
-¿Y después de eso?
-Voy a casa a comer lo que mi mujer ha preparado para la cena.
-¿Ella se va a la cama después que usted come?
-Ella no, yo sí. Ella tiene cosas que hacer hasta las 9 ó
10.
-Pero yo pensé que su esposa no trabajaba.
-Por supuesto que no trabaja. Ya le dije que está en la casa.”
(Fuente:
Subcomité Mujer y Desarrollo de Zimbabwe, 1986).
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