La
padecen mujeres de todas clases sociales.
Violencia
familiar, asignatura pendiente
Según
la doctora Dorothy Shaw, los ginecólogos no están
bien formados para prevenirla.
La doctora Shaw será la primera mujer que presidirá
la Federación Internacional de Ginecólogos y Obstetras.
Afirma que es necesario que los médicos aprendan a preguntar.
Cuando
en el próximo mes de septiembre la doctora Dorothy Shaw
asuma su cargo como presidenta de la Federación Internacional
de Ginecólogos y Obstetras (FIGO) se convertirá
también en la primera mujer en ejercer ese cargo desde
que en 1954 se creó la entidad, que agrupa a 102 países
de todo el mundo.
Nacida
en Inglaterra, pero residente desde hace muchos años en
Vancouver, Canadá, donde trabaja como ginecóloga
y obstetra y es docente del hospital de la universidad de esa
ciudad, Dorothy Shaw encabeza actualmente el Comité de
Defensa de los Derechos Sexuales y Reproductivos de la FIGO. Es
por eso por lo que una de sus principales y más urgentes
preocupaciones es hacer de los ginecólogos y obstetras
aliados de primera línea en la prevención de la
violencia contra la mujer.
Invitada
recientemente por el Centro Latinoamericano Salud y Mujer (Celsam),
Shaw ofreció una charla durante el último congreso
de la Sociedad de Ginecología y Obstetricia de Buenos Aires
(Sogiba), donde la doctora Diana Galimberti se encargó
del capítulo sobre derechos sexuales y reproductivos.
-Doctora
Shaw, ¿cree que un profesional que atiende a una mujer
no más de 15 minutos, como suele ocurrir en la Argentina,
puede conocer cómo es su salud sexual y reproductiva?
-El
problema no se limita a su país; también ocurre
en otras partes . Es un contexto complejo: los ginecólogos
y los obstetras son parte de la sociedad donde viven, y en ese
sentido reflejan los valores de esa sociedad. Sin embargo, tanto
en la FIGO como en la sociedad que agrupa a los profesionales
argentinos se reconoce que las actitudes de estos especialistas
son importantes porque pueden mostrar liderazgo en las conductas
que la sociedad tiene hacia la mujer.
-¿Y
cómo pueden ayudar a prevenir la violencia?
-Primero,
es necesario que reciban adecuado entrenamiento para saber preguntar
a la mujer sobre el problema. Muchos médicos tienen miedo
de preguntar porque no están seguros de cómo hacerlo
correctamente. Y, más allá de eso, nuestra idea
es que a menos que sepa qué recursos proponer a la mujer
en caso de que exista violencia contra ella o sus hijos, es mejor
no preguntar. Es decir: sería importante que si los ginecólogos
u obstetras van a realizar estas preguntas primero tengan alguna
educación acerca de qué preguntar y cómo
hacerlo, y qué necesita la mujer para sentirse segura,
además de saber adónde debe recurrir. Para lograr
este objetivo es necesario conformar un equipo de trabajo, donde
el médico es una parte, pero también debe haber
asesoramiento psicológico y personas especializadas en
violencia familiar, tanto desde el punto de vista de la asistencia
social como del sistema legal.
-¿Y
sobre la base de qué ideas deberían ser entrenados?
-Bueno,
la historia de la enseñanza médica se limitó
al aspecto biológico de la salud de la mujer y dejó
de lado otras cuestiones vinculadas con el género. En materia
de violencia, un problema fundamental es que los médicos
puedan explicarles a las mujeres que la violencia que padecen
no es su culpa. La mayoría de las mujeres que son víctimas
de violencia se sienten culpables de eso, creen que merecen la
violencia, que han hecho algo que lo justifica. Y esto ocurre
en todas las clases sociales.
-¿Usted
dice que aun una mujer muy bien educada que soporta violencia
siente que es su culpa?
-Así
es. Piensa que se lo merece. Conozco médicas, abogadas
y otras profesionales en Canadá y en muchos países
del mundo que piensan así. Por eso es tan importante que
el médico ginecólogo u obstetra que las atiende
las ayude a comenzar a cambiar su forma de pensar.
-¿Y
eso implica darles herramientas para que dejen a ese hombre?
-El
tema es mucho más difícil de lo que se cree. Una
de las cuestiones que más necesitamos recordar es que las
mujeres habitualmente aún aman al hombre que las maltrata.
Esto puede resultar extraño, pero suele ser así.
A menudo lo aman. Lo que no aman es su violencia.
-¿Entonces?
-Entonces
hay que saber contener y aconsejar sin juzgar, y comprender que
el momento más difícil para una mujer que soporta
violencia familiar es cuando decide dejar a su compañero.
Es la instancia más peligrosa de la relación, y
necesita ser acompañada.
-¿El
médico puede ser violento respecto de sus pacientes?
-Hay
muchas formas de ejercer la violencia, y no solamente de parte
de los profesionales varones. Por ejemplo: los médicos
no fuimos entrenados para pedir permiso a las mujeres antes de
hacer su revisación con un espéculo. No preguntamos;
directamente lo hacemos. Y eso no está bien. Pero lentamente
está cambiando.
-Algunos
casos de violencia sexual resultan escalofriantes. ¿Es
cierto que hay mujeres obligadas a mantener relaciones sexuales
poco antes o después del parto?
-Sí,
así es.
-¿Sucede
a menudo?
-No
lo sabemos. Sólo sabemos que sucede. Es probable que no
se conozca más porque es un tema muy delicado.
-¿Y
en qué tipo de familias o parejas puede ocurrir algo así?
-En
familias en que el marido se comporta como el "dueño"
o el propietario de la mujer.
Por Gabriela Navarra
De la Redacción de LA NACION